Posteado por: niqvanpol | 29 Agosto, 2007

Origins – Capitulo 01: Africa

Cuando Niq recobro la conciencia todo seguía aun completamente negro. Estaba seguro de haber abierto los ojos, pero la más absoluta oscuridad lo rodeaba por completo. Se llevo las manos a los ojos, y se froto repetidamente los mismos con los puños cerrados, pero pronto se dio cuenta de que no conseguiría más que pronunciar su dolor d cabeza.

Lo primero q atino a hacer fue buscar una pared solida y q no fuera a derrumbarse nuevamente. Se apoyo en un pequeño recodo que parecía haber sido moldeado por su propia espalada. Inadecuadamente cómodo, pensó para sus adentros. En ese momento comenzó a recobrar el sentido d sus miembros, algo q preferiría haber evitado, puesto q con el volvían también indecibles molestias y dolores y magulladuras que ardían dolían y quemaban al mismo tiempo. Y aunque para el fueran las mas horrorosas e indecibles de todas las lesiones, ninguna herida era verdaderamente grave.  Con lo cual, acurrucado en su precaria comodidad,  el joven doctor comenzó un minucioso cateo de efectos personales, buscando algo que le fuera útil para liberarse de tan oscura cruzada. La liste de objetos era más acotada de lo que el suponía: un reloj de bolsillo, un atado de cigarrillos, una cajetilla de cerillos, e irónicamente un peine plástico cuya procedencia Van Pol desconocía absolutamente.

Como era de suponerse, el reloj ya no expedía su clásico tic tac  y Niq no se arriesgaba a sacar los cerillos de su pequeña caja para contarlos por miedo a dejarlos caer en una de sus típicas torpezas.

Ahora bien, la humedad era aplastante, y el frio le quebraba la espalda. Niq resolvió prender uno de sus valiosos cerillos y con el darse lumbre por unos segundos. Debemos aclarar que no le fue fácil encender un fosforo, y con cada intento fallido mas se arruinaba el mismo, y más se arruinaba menos posibilidades de encender tendía. Cambio de cerillo varias veces, hasta que por fin uno encendió. En un rápido pero desprolijo movimiento, se llevo un cigarro a la boca y enseguida arrimo la cegadora llama. Una vez que lo hubo encendido, sin darse cuenta, cometió uno de sus más tontos errores. En un acto reflejo, y en un solo movimiento, apago el cerillo. Cuando cayó en la cuenta de lo que había hecho no podía creerse tan idiota. Se recostó sobre su hueco, y echando la cabeza hacia atrás y cerrando los ojos, dio una larga pitada, y sintió como todo el humo, áspero y rugoso, le endulzaba los pulmones y el alma, hasta sus más escondidos rincones.

Ahora solo esperaría a terminar su cigarrillo y acomodar un poco sus ideas. Solo le quedaba un camino: aquella vía de mina probablemente abandonada, que no había escapado a su ávida visión bajo  el fulgor de la pequeña llama.

Cuando Niq echo a andar, no tardo en toparse con los precarios rieles de crudo acero sobre el suelo. Para estos momentos, solo le quedaban dos dudas, si la mina seguiría funcionando o estaba abandonada, y  donde demonios estaba y que sería de todos sus compañeros, si es que alguno estaba aun vivo. El doctor creyó prudente seguir los rieles, y supuso que nada podía hacer por sus compañeros si antes no podía hacer algo por si mismo. Se resolvió a ir en dirección opuesta a donde él había caído, porque la pendiente hacia allí parecía ser cuesta arriba. Si Van Pol se hubiera detenido un segundo a pensar y un no hubiera estado temporalmente privado de sus facultades, se habría dado cuenta de qua muchas veces en las minas, cuando los caminos hacia el centro de las mismas se encuentran obstruidos por una veta de material más resistente que lo común, los mineros deben subir, para poder seguir bajando, pero el tiempo apremiaba, y no se detuvo a pensar.

Baudolino no tuvo la mejor de las suertes. Varios barriles de pólvora acababan de explotarle en las narices, el suelo y las paredes de su improvisada celda habían colapsado debajo de él y para colmo de males, podía escuchar a por lo menos dos custodios injuriar en zulú. Se encontraba en una posición poco conveniente, con una viga de madera atravesada sobre su tronco y muy expuesto a la vista. Si no fuera por aquella pesada oscuridad de seguro ya seria hombre muerto.

Debía pensar rápido, y actuar más rápido aun, antes de que los ojos de los morenos se acostumbraran a la oscuridad. Intento, en silencio, mover al gigante que lo apresaba, pero no tardo en darse cuenta que sería imposible hacerlo sin el mayor de los estruendos. Luego intento escurrirse por debajo de la misma, pero su cuerpo era demasiado robusto. Entonces ocurrió,hubo un pequeño derrumbe, y la viga se estremeció sobre él, por un segundo pensó que ya era libre, pero entonces la viga termino de caer, y lo hizo con todo su peso sobre su abdomen. El aire se le escapo de los pulmones con velocidad y violencia. Sintió como las paredes de su estomago se estrechaban una contrala otra, pensó que la viga lo partiría por la mitad. Entonces tomo la viga con ambas manos, y empujando hacia arriba, detuvo por un momento el abrazo mortal de su opresor. Sin embargo no pudo sacarla de su posición, y cedió nuevamente ante el monumental  peso, pero no del todo, sino q la mantuvo lo suficiente como para llenar de aire una vez mas los pulmones. Entonces,  empujo con todas sus fuerzas la viga. Apenas pudo, el grueso de su cuerpo hacia un lado, y dejo caer la viga. Esta callo con un estruendo sobre la irregular superficie, y reboto violentamente, agitándose por el aire a una altura no propia de su peso. Golpeo el suelo una vez más, y cuando cayó nuevamente fue a dar sobre la cabeza de uno de los guardias, la cual, esta de mas decir, quedo prácticamente desaparecida, dejando solo una mancha oscura sobre el suelo, y un cuerpo a su lado simplemente despojado de su cabeza. La rapidez de los hechos dejo atónito al segundo guardia, que no atino a hacer nada más que contemplar estupefacto, los restos de su compañero. Baudolino se apresuro a tomarlo por las espaldas, y, rodeando con su brazo derecho el cuello del  adversario, e inmovilizando el brazo izquierdo con el propio, aplico una fuerza severa, pero no mortal, por unos segundos, hasta que su opresor fue el oprimido, y cayo desmayado a sus pies.

 

 

Baudolino desde Niq Van Pol – Bloggeando en la inmensidad


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